¿Qué pasaría si te dijera que todo mi trabajo ha sido para ti? Seguramente te sentirías indignada, insatisfecha, hasta cierto punto irrelevante, ya que no me caracterizo por ser un hombre extraordinariamente trabajador, y la mayoría de las veces la única sonrisa que tengo en el día de trabajo es cuando la campana, liberadora y misericordiosa, me llama a la libertad y a la justicia.
Pero, ¿Qué pasaría si te dijera que cada pensamiento ha sido de ti? Seguramente me mirarías extrañada, y si te sintieras ofendida no me sorprendería, no suelo ser un hombre que piense cosas de la Tierra, suelo volar, suelo despegar tan alto que me olvido de que acá abajo hay cosas que se deben de hacer, y que me gusta tanto pensar, que hasta me he convertido en un pseudoescritor de tercera, que en cada historia plasmo mis deseos de grandeza, mis deseos de vivir en otra vida.
Bien, ¿y si te dijera que cada triunfo en mi vida tiene tu dedicatoria? Estoy prácticamente, y no estaría nada ofendido o indignado, si te pareciera insulso, hasta ridículo, ya que he ganado tan poco, he vivido tan poco, que hablar de triunfos sería tan estúpido como jugar críquet con una raqueta de tenis.
Desalentador, ¿no es así?
Aunque, ¿y si te dijera que cada vez que quise rendirme ante al trabajo arduo, tú eres la que me llega a mover? O ¿si te dijera que cada uno de mis pensamientos terminan en ti, inevitablemente? O ¿si te comentara, que cada vez que me encuentro tirado en la lona, sin ninguna esperanza en mí, o nadie más, es tu luz la que me despierta de mi derrota?
Y me dirías, “Yo no he hecho nada de eso” con tu entrecejo fruncido, como cada vez que intentas entender algo que se escapa a tu suspicaz mente, mientras yo te contestaría con mi tono de desdén, “En verdad, no, no lo has hecho” como si aquello no importara, confundida y enojada harías que tu entrecejo pareciera que fuera habitado por genes de mi admirada Frida, entonces antes de que ardiera Troya seguiría…
Tu existencia, tu simple existencia, me logra completar, podrías no hablar, podrías solo ser una foto en el escritorio, fría detrás del cristal, siempre sonriente, y aun así seguirías siendo mi aliento, mi razón de seguir. Pero no eres de papel, no estás detrás del impenetrable cristal, estás aquí a mi lado, haciéndome tan feliz que suelo perderme en ella.
Siéndote sincero, sé que sabes que no soy un gran hombre, sé que no soy relevante, ni talentoso, ni con una simple pizca de genialidad, por eso te doy gracias. Gracias por estar a mi lado, compartir mis proyectos, ilusiones, manías y estupideces en general. Te agradezco por estar a mi lado. Nunca dejes de estar ahí, que no sería, ni haría nada sin ti. Te amo.
Contigo como mi esperanza,
DianiLino